martes, 20 de febrero de 2007

EL ARTE DEL PUNTAL Ácida crítica al maltrecho patrimonio berciano.


FERNANDO TASCÓN (LA CRÓNICA EL MUNDO 8-1-2.006)
Nos hemos pasado toda una vida académica dedicada al cíclico repaso de los modelos de columna clásica, para descubrir repentinamente que esa delicada conjunción de arquitectura y arte, esa serena mezcla entre estilo y resistencia se había convertido en un puntal de obra que sujeta las miserias de Santiago de Peñalba ¡San Genadio nos asista; a nosotros y al sacrosanto colegio de arquitectos! Por suerte, no todo está perdido: un puntal tan irreverentemente colocado en sustitución de la columna original puede considerarse un valor artístico añadido. Un vistazo a la iglesia de Peñalba se actualiza hoy con esa presencia insolente y metálica que funciona a rosca. Poner un puntal en la joya mozárabe es de tal atrevimiento vanguardista que no me explico cómo es posible que todavía no hayan pedido el traslado del conjunto al Musac: por una parte para rellenar alguna de las salas y por otra, para no perder la oportunidad de practicar el ancestral deporte de llevarse a León las cosas de valor del Bierzo. Un puntal de obra en Peñalba es una advertencia de cuáles pueden ser las funestas consecuencias del deterioro patrimonial. En Castilla y León hemos encargado el mantenimiento patrimonial a Manolo y Benito. Se derrocha un potosí en lucir las iglesias de Ponferrada, de más que dudoso valor artístico, y mientras tanto, se deja puesto un puntal para sujetar una de las preciosidades históricas de la tebaida berciana, verdadero elemento singular de valores inabarcables por la humilde prosa que aquí asoma. Ustedes, al igual que nosotros, conocieron que las columnas clásicas pertenecían a una de las tres categorías conocidas como dórica, jónica y corintia; ahora, hemos descubierto otra más, la columna jódica, un elemento de sustentación que, cuando lo ves por primera vez, te obliga a expresar un sonoro: ¡no me jodas! Esperamos que las autoridades competentes se hayan pertrechado, sea por medio de carta a los reyes magos o por méritos propios, del auténtico kit del restaurador actual, un cajón lleno de utilidades de primera necesidad para casos de rotura o desprendimiento. Rollos de cinta adhesiva, tubos de loctite e imedio, esparadrapo sanitario, lija gruesa y una trece-catorce para reparar las fracturas en la piedra; plástico de invernadero para los problemas de filtración; masilla para pegar las vidrieras; escuadras para sujetar las gárgolas y pintura plástica para tapar defectos.
Ahora ya sabemos por qué se rompió la columna original, no fueron ni la humedad, ni el paso de los años, ni la dejación de responsabilidades administrativas, ni los ataques vandálicos anticlericales ni los terremotos: la columna se partió de risa al saber con qué iban a cubrir el hueco que dejasen sus pedazos.